Hay un árbol gigante del otro lado de mi plaza, se llama parota. Despertamos juntos todos los días. Apenas abro los ojos me llena de piropos con su verdor, yo le respondo, pero jamás me ha dejado primero. Tiene tronco grueso y ramas copadas de hojas finas que alivianan el calor. Es la casa de los pájaros que cantan a las tardes cuando se va el sol. Me dio un regalo precioso, una espiral marrón llena de semillas que sembré en una maceta. Ayer nació la primera. Estamos de fiesta.